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Autor:  Antxón Sarasqueta  (antxon@sarasqueta.com)
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Democracia de acero

Leo como titular de un diario que “Rajoy exige a ETA un gesto como el desarme” y en otro que “Aznar no exigió a la banda que cediera su arsenal en la tregua de 1998”. Ambos muy representativos del concepto de “democracia débil” que domina a algunos. Como si democracia fuese sinónimo de debilidad.


¿Donde radica la expresión de debilidad? En los titulares. Pedir que una banda terrorista deje el terrorismo no es solicitar ningún “gesto” a los terrorista,s es sencillamente poner a prueba la veracidad de quienes dicen que quieren renunciar al terrorismo.

Aquí viene la segunda falacia convertida también en titular: ¿para qué iba a exigir Aznar a ETA que cediera su arsenal si ya dijo públicamente que en el único contacto que hubo, el gobierno confirmó precisamente que los terroristas no querían dejar las armas? Lo que hizo Aznar, como cualquier gobierno democrático que se precie, es hacer que el Estado de derecho actuase con fortaleza para derrotar a los terroristas. Por eso los terroristas no quieren que vuelva a gobernar el PP, porque saben que no van a obtener ninguna concesión. El PP es el único partido que puede exhibir en la lucha antiterrorista unas credenciales democráticas: ni ha utilizado la guerra sucia y los crímenes de Estado para ganar la batalla al terrorismo, ni ha hecho concesiones ni pactado a espaldas de las instituciones democráticas y de la opinión pública.

Pero el terrorismo no es más que el desafío extremo para la democracia moderna y su pueblo. El terrorismo es la cara opuesta a la democracia. No es que sean incompatibles, es que el totalitarismo es el mayor enemigo de la libertad. El triunfo del totalitarismo -del terrorismo- depende de la destrucción de la democracia.

El mundo 'progre' utiliza muchas expresiones dirigidas a mostrar una imagen dura e inflexible de quienes hacen gala de firmeza a la hora de defender convicciones, valores, y fundamentos de un pensamiento humanista y liberal, y por tanto democrático. Lo hacen porque saben que el perfil intransigente y duro cae mal y da miedo a personas que lo asocian a la confrontación. Alguna vez he contado en estas páginas el invento ese de la crispación, que no dice nada, lo dice todo, y siempre simboliza lo mismo. Porque los socialistas españoles han llegado a demonizar lo más vital de una democracia, la confrontación y la tensión a cara de perro.

Asocian la democracia a la debilidad, y eso les delata en su escasa formación democrática. Si algo es la democracia, por definición, es de acero. Ni se dobla, ni se flexibiliza como si fuese un chicle. Si los terroristas quieren entrar en la democracia, tienen que dejar el terrorismo y pagar por la responsabilidad de sus actos, no es la democracia la que sale favorecida si favorece a los terroristas.

El demócrata que tiene miedo o necesita defenderse porque le acusan de firme, inflexible o duro en la defensa de la democracia y sus valores, precisa una reflexión. Aunque puede tener la certeza de que quienes le atacan, no por discrepar de lo que hace o dice, sino por cómo es, no utilizan unas armas democráticas sino totalitarias. Por mucho pedigrí que digan tener.

En una sociedad de la información, tecnológica, y multimedia, se disponen de todos los recursos para falsear lo que simboliza y representan las ideas, las cosas, y las personas. Pero utilizar esos recursos para suplantar una democracia real por otra aparente, no quiere decir que quienes lo hacen puedan cambiar la democracia. Unicamente la atacan. La democracia es de acero o no es. Cada cosa y cada sistema tienen sus propiedades, y si las pierde deja de ser lo que es.

Con la globalización ha llegado la democratización del planeta. En las dos últimas décadas el número de democracias en el mundo se han duplicado. Pero es una estadística que tiene su escala, que va desde la democracia que hace cumplir los derechos humanos, las leyes, y la alternativa en el poder, y las que están en un proceso de transición y/o de involución.

La democracia además tiene su test permanente. A todas horas y todos los días del año. Pedir la autocensura como reacción a unas viñetas de humor que hacen burla de Mahoma es un buen ejemplo de quienes no defienden la democracia. Un sistema que tiene en las leyes su garantía, y en la libertad de expresión una de sus grandes virtudes. No es casualidad que quienes piden la censura y el castigo para quienes se burlan de Mahoma, se rían al mismo tiempo de las mofas contra la imagen de Cristo.

¿Por qué no es casualidad? Porque quienes pretenden que la democracia transija lo hacen para recortar sus libertades y no para fortalecer sus leyes (alterar sus valores). No lo hacen para reforzar la democracia. La defensa de la democracia no está basada en la transigencia del sistema, sino en la intransigencia con quienes quieren debilitarla o destruirla.

Algunos llegan a confundir viciosamente la fortaleza en la defensa de los valores democráticos con la insensibilidad. Cuando solo desde la sensibilidad se pueden defender los valores democráticos. Vean si pueden los vídeos de las entrevistas a las últimas víctimas del terrorismo del pueblo navarro de Barañain.

Antxón Sarasqueta
Artículo publicado el 25/4/06 en La Gaceta de los Negocios
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