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Autor:  Antxón Sarasqueta  (antxon@sarasqueta.com)
Fecha:  Lunes 05 de enero de 2009
Categorías:  
La huella de 2008 apunta a forjar un nuevo humanismo

La ideología de género reduce el valor de la persona a una condición de cuota sexual. La huella de 2008 es la crisis de valores que atraviesa nuestra sociedad.

En estas fechas en las que el calendario cambia de año, se suele hacer balance y pronosticar qué nos pueden deparar los próximos meses. Un contexto que debe trascender a la actualidad. ¿Qué huella deja 2008?

La crisis de valores de la sociedad occidental que han puesto de manifiesto las sucesivas crisis planetarias y nacionales. Desde la indiferencia social ante el asesinato terrorista de un vecino, a la corrupción del sistema financiero, o las políticas dirigidas a desposeer a las personas de su valor humano para convertirlas en meras piezas de un sistema controlado políticamente. Lo cual, en clave de futuro, sitúa la revalorización del capital humano como objetivo fundamental para quienes dan algún sentido a nuestro modelo de civilización en todas sus manifestaciones, personales, profesionales, directivas, y familiares.

La crisis de valores está siendo aprovechada y además agudizada por quienes defienden una ideología de raíz totalitaria, en la que el individuo es un instrumento del sistema político. Tanto en su versión marxista o nacionalista, de lo que se trata es de imponer una sociedad tutelada que hace desaparecer el sistema de libertades individuales.

La amenaza contra la persona como ser humano libre, está hoy muy presente. En nombre de la igualdad se le desposee a la persona de sus derechos y libertades individuales para reducirla a una cuota. De lo que representa una sociedad libre pasamos a una sociedad-cuota.

El fraude de la ideología de género

En nombre de la ideología de género, el Congreso y los tribunales imponen leyes discriminatorias. De prohibir la discriminación se pasa a “discriminación positiva”, como si hubiese algo positivo en discriminar a las personas. Esta ideología de género consiste además en hacer que domine la condición sexual sobre el “ser” de la persona como un todo humano e individual. Los mismos gobernantes y legisladores que tipifican el “desprecio humano” como un delito de los conductores, defienden el aborto.

Lo que se llama “cultura de la muerte” en contraposición a la “cultura de la vida” nada tiene que ver con la cultura y si con una ideología de contravalores.

Cuando un Gobierno arremete sin disimulo ni pudor contra la independencia de los jueces, como ha hecho el de Zapatero, o cuando un Gobierno anuncia que no cumplirá las sentencias de los tribunales que le obligan a garantizar la libertad y los derechos de las personas que quieren recibir educación en castellano, como ha hecho el catalán, es porque socialistas, comunistas, y nacionalistas, están utilizando el poder para imponer sectariamente a las personas su sistema político.

Frente a todo esto ¿que supone forjar un nuevo humanismo? El humanismo hay que plantearlo en términos de “nuevo” porque se ha abierto una nueva época a la que las personas tenemos que hacer frente como individuos responsables.

Globalización significa que nada es indisociable porque formamos parte de un conjunto en donde todo afecta -e influye- en todo. Ninguna persona que quiera vivir en libertad y ser ella misma, puede ser indiferente a nada. Defender la libertad de empresa o la independencia judicial significa compromiso. A defender la familia, la libertad individual, la libertad de educarse en castellano, la libertad frente al terrorismo y contra toda forma de sectarismo. Hacer de la persona el centro del universo



Artículo de Antxón Sarasqueta publicado en La Gaceta de los Negocios el 3-1-2009
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